POR DAVID PAREDES
COORDINADOR DE COMUNICACIÓN
En la esquina de su oficina, un reloj marca las 07:30. Es la hora de ingreso del personal de planta y Fabricio Flores ya está activo. Deja todo listo para empezar su jornada. Acomoda unos cuadernos en su escritorio, enciende su computadora y conecta un viejo iPod de color blanco y algo desgastado por el uso para seguir escuchando la música que lo acompaña día a día en su bicicleta, desde Ibarra hasta Otavalo.
Su espacio de trabajo es pulcro. Unas fotografías de la familia y dos cubos Rubik adornan la que él considera su segunda casa y donde más tiempo pasa. Es que ser administrador de planta no es un trabajo de 8 horas diarias, sino de un esfuerzo 24/7.
“Ser administrador exige tiempo. Yo estoy en casa y a veces me llaman para comentarme algo que sucedió o para pedirme autorización de ingresos. Pero tengo soporte. Es un trabajo coordinado entre varias áreas”, asegura Fabricio, quien asumió el puesto de administrador hace dos años.
Antes de esta entrevista trata de solventar algunos pendientes rápidos. Camina de un lado a otro y pide a sus compañeros administrativos que se acerquen al hall principal para la charla de los 5 minutos de seguridad. Para él, esta actividad es fundamental.
La seguridad la lleva en su ADN desde hace 18 años, cuando pisó por primera vez la planta de cemento. “En la planta de UNACEM todo puede ser negociable, menos la seguridad. Es un valor que lo tenemos interiorizado y que es parte de nosotros. Es tan importante y está por encima de todo. Por eso somos tan estrictos con contratistas, proveedores y con nuestro propio personal”, dice orgulloso.

Fabri, como lo conocen sus amigos, tiene una personalidad inquieta. Sí, aunque no parezca, le gusta estar al tanto de todo lo que ocurre en la planta. Al menos dos veces a la semana se la camina completa. Su principal preocupación es que todo esté en orden, tal como su oficina.
Hay momentos de estrés. Si bien el peso de la operación de la planta no está en sus manos, sí que todo esté en perfecto estado. Es común verlo sacar fotografías con su celular. Pueda que esté levantando desviaciones, pero lo más seguro es que detectó algo que le llamó la atención y que lo quiera corregir a la brevedad.
Su éxito en el cargo tiene una explicación. Antes de asumir la administración fue operativo. Trabajó en las áreas administrativas. Eso le permitió conocer a la mayor cantidad de colaboradores y tiene afinidad. Eso ha hecho que su trabajo de administrador sea más llevadero.
“Fue un reto para mí asumir este cargo. Conozco varias áreas de la empresa y siempre fue en funciones operativas. Pasar a una gerencia o una jefatura requirió de mí mayor tiempo para prepararme y adaptarme”, dice Fabricio.
Este año completó el curso de Interacción Visible de Liderazgo. Entre sus planes está hacer más viajes a la cantera de Selva Alegre.
“Entre mis proyectos está quedarme al menos una vez cada tres meses para verificar cómo están las instalaciones, la comida y todo lo que aporta al trabajo de nuestros compañeros”, asegura.
Entre la carga laboral trata de sacarse tiempo para quitarse el estrés. La lectura y el deporte le ayudan. Estas dos actividades se combinan con su pasión por los cubos Rubik. Armarlos y desarmarlos le ayudan a concentrarse. Es un ejercicio sano para la mente. En un bolso naranja que cuelga de un ropero de su oficina tiene algunos de los 120 que forman parte de su colección.
“Me gustan mucho. Me permiten distraerme y desestresar. A veces los hago en el bus o cuando viajo. No son tan difíciles. Cuando completas uno, esa experiencia te permite resolver otro. Aunque hay unos que sí me toca ver tutoriales”, dice riendo.
La planta industrial es como esos cubos Rubik que se descifran a la brevedad o que requieren de procesos más complejos. En un año y medio, Fabri está convirtiéndose en un experto en resolverlo.