PABLO CARRERA VIO CRECER A NUESTRA HORMIGONERA

Pablo Carrera, jefe de despacho en el área de hormigón de UNACEM Ecuador, tiene una intensa jornada coordinando entregas y comunicándose con conductores. Con más de 30 años en la empresa, ha visto transformaciones y destaca la evolución hacia una cultura de seguridad más sólida. Su ascenso rápido desde peón hasta jefe de despacho refleja su profundo conocimiento de la planta. Esta es su historia.

POR DAVID PAREDES
COORDINADOR DE COMUNICACIÓN

El teléfono celular de Pablo Carrera no para de sonar. Las llamadas son constantes. Al otro lado de la línea, un conductor de mixer espera indicaciones para descargar el hormigón en alguna obra de Quito. Minutos después, hace una nueva pausa para poder responder un mensaje de otro conductor.

Las llamadas y mensajes no dan tregua. El tono de la canción Despacito de Luis Fonsi y Daddy Yankee se hace presente con insistencia. Pablo debe estar pendiente de todos los detalles de las entregas de producto. Es jefe de despacho del área de Hormigón y debe estar enterado de lo que pasa con todo su equipo. Su móvil suena unas 200 veces al día.

En esta actividad es ducho. Sabe cómo manejar la planta de cabo a rabo. La vio crecer desde sus inicios. Hizo escuela y ha formado a varios de sus compañeros.

“Empecé en esta hormigonera como peón en 1986 y me tocaba trabajar y ayudar a los maestros a armar las estructuras de la planta y a mezclar arena con cemento”, dice orgulloso.

Ese primer contacto con el cemento y el hormigón fue clave para que vaya desarrollando experiencia y conocimientos. En ese cargo duró poco. Al año siguiente dio un salto grande. Fue promovido como ayudante de planta y tuvo funciones de tubero.

El ascenso fue rápido. Todo sucedió de 1986 a 1987. En este último cargo hizo carrera hasta el 2000, cuando la alta gerencia de entonces decidió que sea jefe de despacho.

 

En ese proceso de formación vio cómo la hormigonera se transformaba. Ahora, en UNACEM Ecuador, siente que hay una cultura de seguridad más fuerte. Si bien es el mismo hormigón y el trabajo es parecido a lo que se hacía antes, las exigencias cambiaron.

“Antes de ser parte de UNACEM, de seguridad se hablaba poco. Actualmente se siente una verdadera transformación en ese aspecto y lo estamos adoptando de la mejor forma”, asegura.

Ha adquirido nuevas costumbres. Antes de salir a la zona industrial se toma su tiempo para verificar que tiene el Equipo de Protección Individual (EPI) completo. Camina por todas las instalaciones a diario. Conversa con los conductores y está pendiente de ellos más de las 8 horas diarias.

Para ‘escapar’ de la rutina se concentra en su otra gran pasión, la agricultura. En su casa, en Cayambe, tiene un terreno donde le dedica tiempo a sus plantas. Las riega y las cuida como si se tratara de uno de sus conductores de mixer.

“En mis plantas puedo pasar horas y me distraigo. La agricultura me permite recuperar energía. Crecí en un ambiente con bosques y páramo, entre sembríos de maíz y papas”, dice orgulloso.

Tiene una huerta de árboles frutales. Puede pasar todo un fin de semana podando y limpiando a sus plantitas. De hecho, es un apasionado por la reforestación. Hace poco sembró por su cuenta 50 árboles.